sábado, 11 de mayo de 2013

Crítica: Rebelde (War Witch) de Kim Nguyen





Título original: Rebelle (War Witch) Director y guionista: Kim Nguyen Fotografía: Nicolas Bolduc Interpretes: Rachel Mwanza, Alain Lino Mic Eli Bastien, Serge Kanyinda, Mizinga Mwinga, Ralph Prosper, Jean Kabuya, Jupiter Bokondji, Starlette Mathata, Alex Herabo, Dole Malalou, Karim Bamaraki, Sephora Françoise, Jonathan Kombe, Marie Dilou, Gauna Gau Distribuidora: Good Films Fecha de estreno: 10 de mayo de 2013

Las películas nos acercan a la realidad más cercana a nosotros y nos gusta vernos reflejados en los personajes, con historias reconocibles y que si bien no nos hayan pasado a nosotros no nos resulten extrañas, pero también el cine puede ser todo lo contrario y como en el caso de Rebelde nos muestra vidas de personas e historias que difícilmente podríamos conocer. En este caso el director Kim Nguyen nos lleva a un país del África subsahariano para hablarnos de los niños soldados, adolescentes que como la protagonista, apenas tienen doce años y que son arrebatados de sus familias y a los que se les obliga a empuñar un fusil que es casi tan grandes como ellos y luchar en una guerra que les resulta completamente ajena. Por desgracia esto no sólo pasa en áfrica y hace unos meses veíamos como en la película Operación E también tocaba de refilón este tema ya que el protagonista, un campesino colombiano, veía como intentaban reclutar a sus hijos. La historia de Rebelde es la historia de Komona, una joven de doce años que es secuestrada por unos rebeldes junto con otros niños de su poblado.  Para asegurarse de que a estos no les quede nada para volver arrasan con la aldea y obligan a la protagonista a matar a sus padres de una forma rápida. Una vez fuera del grupo familiar la joven es reclutada y junto a los demás les enseñan todo para matar y luchar para derrocar a un gobierno en una guerra en la que son víctimas de los dos bandos.



La joven Komona encontrará apoyo en otro niño albino al que todos llaman Mago y que hará más fácil el paso de una infancia a una realidad demasiado espantosa y cruel. Komona se convertirá en una especie de amuleto para los soldados por su capacidad de localizar a los soldados enemigos y salir a salvo de los ataques, pero sea suerte o intuición, en el momento que falle perderá todos los beneficios que tiene y el loco que los dirige no tendrá piedad y acabará con ella. La película nos lleva durante dos años en los que la protagonista hace un viaje en donde la muerte están presente, pero también el amor pues es el Mago que se enamora de ella es el que intentará sacarla de la guerrilla de rebeldes y casarse con ella y llevar una vida normal. Una de lo mejor de la película es que no se regodea en la violencia y el director no muestra los cadáveres de una forma sangrienta ni violenta, aunque tampoco los esconde. La visión de la inocencia de la protagonista es la que va guiando la forma de ver el mundo y eso hace que la historia pierda realismo pero sin perder intensidad y emotividad. La actriz que da vida a Komana, Rachel Mwanza hace un trabajo impresionante y sólo por verla ya merece la pena ver la película. 


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